"Un pueblo montañés encantador, gente amable, facilidad de aparcamiento pero también con cuestas y escaleras, para gente deportista. Estuvimos desayunando en Cal Carter, un lugar con un pan con tomate buenísimo, unos huevos frescos de verdad y una cansalada excepcional y a su justo precio. Hasta su café nos gustó. Lastima que teníamos prisa y amenazamos con volver, gracias Jordi Perich."